miércoles, 8 de febrero de 2017

JUAN JOSÉ GARCÍA DE HEVIA





JUAN JOSÉ GARCÍA DE HEVIA

Nacido en el lugar del Llano de la Santa Cruz en el poblado de La Grita, muy cercano a la casona de los ancianos García y el Guerrero de Librillos. Fue el primogénito de la familia García de Hevia Guerrero.  Oriundos de la Provincia de Vizcaya en España.  Del cual, uno de sus 17 hermanos fue el mártir de la Independencia Francisco Javier de la Luz, sacrificado por los ejércitos españoles de Pablo Morillo, al ser fusilado en cercanías de Santa Fe de Bogotá en 1816.

Juan José nació un día de San Juan, en la fiesta de los panes en La Grita en 1757, hijo de Salvador García y de Juana María de Hevia. Desde muy joven fue nombrado administrador de la Renta del Tabaco de La Grita, donde poseía hatos y cultivos de esta planta. Fue Alcalde de la Santa Hermandad y arrendatario de la renta del estanco de aguardiente. Además se dedicó a las letras y bajo las enseñanzas de sus tíos sacerdotes aprendió latín y francés. Mas tarde daría lecciones en la escuela pública que fundara Fernando José García. Se caso en nupcias católicas con Bárbara Noguera, descendiente de los Librillos y amante de las palabras buenas y de la cosecha de tabaco y hacedora de los vinos. García de Hevia, educado en la dura escuela del trabajo, era un hombre integro, de palabra entregada, de espíritu rebelde e inquieto, poco dado a plegarse a las fáciles normas de una rutina complaciente; lo sublevaba la injusticia, que hería sus sentimientos individuales y vejaba al conglomerado social donde vivía.  

Juan José García de Hevia contaba con un ánimo que apuntaba hacia las ideas de libertad apenas presentida. Tuvo que luchar muy duro para obtener una posición respetable en la comunidad, cuando otras personas accedían a ellas por cuestiones de fortuna. A parte de todo eso, tenía condiciones naturales para ser un conductor, un líder, como lo demuestra en los siguientes años de su vida.  

Fue promotor del movimiento que luego tendría repercusiones en Nueva Granada, Perú y Venezuela. La frase suya “Viva el Rey y muera el mal Gobierno” pronunciada el 29 de julio de 1779, fue el lema que adoptaron los comuneros de la Tinta en Perú en 1780, capitaneados por José Gabriel Condorcanqui, El Túpac Amaru.

Su gran lucha se transformó en un líder de la Comuna de América, convirtiéndose en el capitán de los Comuneros de Venezuela, movimiento gestado en aquel espacio de ideales por los bienes y defensa de un pueblo de las providencias de América. Este movimiento  lucha por modificar la aplicación tan alta de los impuestos y gravámenes muy fuertes a la agricultura, a los artesanos y al aguardiente al consumidor, originados por la Real Cédula de España del 8 de Diciembre de 1776 a través de su política colonial de controlar el ámbito administrativo, fiscal, hacendístico y comercial por su afán de acumular riquezas.
En 1781, la rebeldía hace incendio en el ánimo de los gritenses, que toma fervor con el grito de García de Hevia:

“Viva el Rey y muera el mal Gobierno”

Un hecho importante de esta lucha fue la participación activa de la mujer, como también había ocurrido en Socorro con Manuela Beltrán y otras. También hubo una relevante participación indígena, especialmente en las comunidades de Pregonero, Capacho, Guaraque y Casanare.

 Dirigió las fuerzas con la bandera roja y negra, hacia Mérida, Mucuchies y Timotes, para extender el movimiento a los restantes territorios venezolanos. Mérida se convirtió en el epicentro de la rebelión; allí se publicaron pasquines que proclamaban abiertamente la oposición al gobierno español. Comenzó a propagarse el movimiento a Barinas y al Zulia, enviando cartas y emisarios autorizados, en las que se expresaba la esperanza de encontrar apoyo en los criollos de Caracas.Las autoridades españolas de Caracas y Maracaibo enviaron tropas para capturarle; la confirmación de esta noticia, les hizo desistir de su  avance hacia el centro de la capitanía y Hevia se escondió en los alrededores de la ciudad de Mérida. Dispersos Los Comuneros, cada quien regreso a sus  sitios de origen, encontrándose con que  les habían abierto juicios brevísimos por desobediencia a la autoridad del Rey. Les expropiaron de sus bienes y otros tantos huyeron al exilio a tierras lejanas para evitar ser aprendidos y juzgados. A Juan José se ordenó entonces el embargo de todos  sus bienes, que fueron repartidos entre personas partidarias al Rey. Al término de la rebelión comunera, el virrey neogranadino otorgó el indulto total (Agosto de 1783). Regresó a La Grita y logró recobrar parte de sus bienes.

Fue asesinado en el Páramo El Portachuelo, camino de Bailadores, un día de La Pascua en 1792.  Su cuerpo fue sepultado en el cementerio del Llano de la Santa Cruz.
Hoy por hoy, el nombre de los comuneros gritenses, están inmortalizados como símbolos regionales que identifican plazas, avenidas, escuelas, liceos y polideportivos.

En su homenaje el Gobierno de Jáuregui, bajo un concurso, se hizo Decreto del nuevo Instituto de Educación, llevando el nombre de tal ilustre grítense. 

Padre de los Comuneros de Venezuela.


Gloria de la Libertad de América.

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