
JUAN JOSÉ GARCÍA DE HEVIA
Nacido en el lugar del Llano de la Santa Cruz en el poblado de La Grita,
muy cercano a la casona de los ancianos García y el Guerrero de Librillos. Fue
el primogénito de la familia García de Hevia Guerrero. Oriundos de
la Provincia de Vizcaya en España. Del cual, uno de sus 17 hermanos
fue el mártir de la Independencia Francisco Javier de la Luz, sacrificado por
los ejércitos españoles de Pablo Morillo, al ser fusilado en cercanías de Santa
Fe de Bogotá en 1816.
Juan José nació un día de San Juan, en la fiesta de los panes en La
Grita en 1757, hijo de Salvador García y de Juana María de Hevia. Desde muy
joven fue nombrado administrador de la Renta del Tabaco de La Grita, donde
poseía hatos y cultivos de esta planta. Fue Alcalde de la Santa Hermandad y
arrendatario de la renta del estanco de aguardiente. Además se dedicó a las
letras y bajo las enseñanzas de sus tíos sacerdotes aprendió latín y francés.
Mas tarde daría lecciones en la escuela pública que fundara Fernando José
García. Se caso en nupcias católicas con Bárbara Noguera, descendiente de los
Librillos y amante de las palabras buenas y de la cosecha de tabaco y hacedora
de los vinos. García de Hevia, educado en la dura escuela del trabajo, era un hombre
integro, de palabra entregada, de espíritu rebelde e inquieto, poco dado a
plegarse a las fáciles normas de una rutina complaciente; lo sublevaba la
injusticia, que hería sus sentimientos individuales y vejaba al conglomerado
social donde vivía.
Juan José García de Hevia contaba con un ánimo que apuntaba hacia las
ideas de libertad apenas presentida. Tuvo que luchar muy duro para obtener una
posición respetable en la comunidad, cuando otras personas accedían a ellas por
cuestiones de fortuna. A parte de todo eso, tenía condiciones naturales para
ser un conductor, un líder, como lo demuestra en los siguientes años de su
vida.
Fue promotor del movimiento que luego tendría repercusiones en Nueva
Granada, Perú y Venezuela. La frase suya “Viva el Rey y muera el mal Gobierno”
pronunciada el 29 de julio de 1779, fue el lema que adoptaron los comuneros de
la Tinta en Perú en 1780, capitaneados por José Gabriel Condorcanqui, El Túpac
Amaru.
Su gran lucha se transformó en un líder de la Comuna de América, convirtiéndose
en el capitán de los Comuneros de Venezuela, movimiento gestado en aquel
espacio de ideales por los bienes y defensa de un pueblo de las providencias de
América. Este movimiento lucha por modificar la aplicación tan alta
de los impuestos y gravámenes muy fuertes a la agricultura, a los artesanos y
al aguardiente al consumidor, originados por la Real Cédula de España del 8 de
Diciembre de 1776 a través de su política colonial de controlar el ámbito
administrativo, fiscal, hacendístico y comercial por su afán de acumular
riquezas.
En 1781, la
rebeldía hace incendio en el ánimo de los gritenses, que toma fervor con el
grito de García de Hevia:
“Viva el Rey y muera el mal Gobierno”
Un hecho importante de esta lucha fue la participación activa de la
mujer, como también había ocurrido en Socorro con Manuela Beltrán y otras.
También hubo una relevante participación indígena, especialmente en las
comunidades de Pregonero, Capacho, Guaraque y Casanare.
Dirigió las fuerzas con la bandera roja y negra,
hacia Mérida, Mucuchies y Timotes, para extender el movimiento a los restantes
territorios venezolanos. Mérida se
convirtió en el epicentro de la rebelión; allí se publicaron pasquines que
proclamaban abiertamente la oposición al gobierno español. Comenzó a propagarse
el movimiento a Barinas y al Zulia, enviando cartas y emisarios autorizados, en
las que se expresaba la esperanza de encontrar apoyo en los criollos de
Caracas.Las autoridades españolas de Caracas y Maracaibo
enviaron tropas para capturarle; la confirmación de esta noticia, les hizo
desistir de su avance hacia el centro de la capitanía y Hevia se
escondió en los alrededores de la ciudad de Mérida. Dispersos Los
Comuneros, cada quien regreso a sus sitios de origen, encontrándose
con que les habían abierto juicios brevísimos por desobediencia a la
autoridad del Rey. Les expropiaron de sus bienes y otros tantos huyeron al
exilio a tierras lejanas para evitar ser aprendidos y juzgados. A Juan José se ordenó
entonces el embargo de todos sus bienes, que fueron repartidos entre
personas partidarias al Rey. Al término de la rebelión comunera, el virrey
neogranadino otorgó el indulto total (Agosto de 1783). Regresó a La Grita y
logró recobrar parte de sus bienes.
Fue asesinado en el Páramo El Portachuelo, camino de Bailadores, un día
de La Pascua en 1792. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio del
Llano de la Santa Cruz.
Hoy por hoy, el
nombre de los comuneros gritenses, están inmortalizados como símbolos
regionales que identifican plazas, avenidas, escuelas, liceos y polideportivos.
En su homenaje el Gobierno de Jáuregui, bajo un concurso, se hizo
Decreto del nuevo Instituto de Educación, llevando el nombre de tal ilustre
grítense.
Padre de los Comuneros de Venezuela.
Gloria de la Libertad de América.
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